La inflación núcleo —que excluye los precios más volátiles y representa cerca del 75% de la canasta de consumo— se ubicó en 5,17%, según estimaciones del Banco Central. Este indicador, y en particular su componente no transable, está estrechamente vinculado a la percepción empresarial sobre las decisiones de política macroeconómica.
Aunque se mantiene por encima del IPC general, ha registrado una reducción significativa en el último semestre. Destaca especialmente la caída del componente no transable, que por primera vez se ubica dentro del rango de tolerancia (3%-6%), en línea con el descenso de las expectativas de inflación. Esta evolución contribuye a consolidar una trayectoria de desinflación más sostenida y equilibrada.